EL Prado Cultural. Biblioteca + Centro Cultural. Marchamalo, Guadalajara.

Fecha
2019
Situación
Marchamalo, Guadalajara
Arquitecto
Martín Lejarraga
Presupuesto
2.000.000 €
Superficie construida
2330 m2
Superficie urbanizada
4405 m2
Equipo
Blanca Gutiérrez Fernández, José Javier Botí Sarrió, Jose Maria Mateo Torres, Óscar Romero Carrasco

La actuación se concibe como una oportunidad de generar un espacio público que esté en conexión con la historia y el legado de la ciudad, así como con la trama urbana actual. La propuesta El Prado Cultural imagina el equipamiento como un espacio agradable y amable que pueda ser considerado como prolongación del espacio privado de cada uno de los habitantes del municipio. Un lugar fluido abierto para todas y todos.

Implantación

La situación de la parcela en el límite del área urbana hace que se entienda la actuación como una bisagra urbana que sirve de transición entre el área consolidada y el resto del municipio.

La propuesta completa la manzana con una edificación alineada a vial, que se ajusta a la trama urbana existente. El trazado urbano se consolida ofreciendo una imagen amable que dialoga con el resto del ámbito, a la vez que se reconoce como un edificio público desde cualquiera de sus aproximaciones.

Además, la intervención incluye el tratamiento de las áreas colindantes en forma de jardines públicos asociados

Leer más

a edificio cultural. Esta estrategia inserta el equipamiento ofreciendo una imagen integrada en la ciudad y sus ciudadanos, promoviendo la consolidación del resto del ámbito.

El patio

Siguiendo una configuración de manzana abierta con edificación perimetral, el patio se ubica en el corazón de la manzana, actuando como espacio intermedio que asume diversas funciones. En primer lugar, es el encargado de que ciertas actividades que se producen en el interior puedan prolongarse hacia un exterior controlado, casi doméstico, y viceversa.

Este espacio abierto actúa como colchón entre las edificaciones existentes y el nuevo volumen. Se pretende que el proyecto sea amable para todos los habitantes de Marchámalo, y aún más, para los que tienen sus residencias en contacto con el mismo.

Por último, el patio permite mejorar la confortabilidad del edificio. Es posible aprovechar de una manera más eficiente la luz natural que ilumina y calienta las estancias en los periodos de tiempo más fríos. Asimismo, se posibilita la generación de una ventilación cruzada que refrigera los espacios interiores en periodo estival.

Continuidad urbana

 El proyecto aboga por continuar la trama y morfología urbana que tiene Marchamalo en la actualidad. Por ello, pese a la permisividad de la normativa urbanística, la propuesta se ciñe a las alturas de edificaciones colindantes, ofreciendo una imagen homogénea en la manzana en la que se interviene.

En cuanto a la volumetría propuesta, se dispone una cubierta a base de faldones a dos aguas a partir de las cuales se organiza el proyecto, generando un perfil reconocible y emblemático, además de relacionarse visualmente con las edificaciones tipo de la ciudad.

La continuidad urbana no solo se produce en forma, sino también en materialidad. Un cerramiento cerámico conforma tanto la fachada del volumen superior como el volumen inferior -en forma de celosía en este último caso-. Esta elección tiene la vocación de hacer que el centro cultural adquiera el mismo cromatismo y aspecto que su entorno, presentándose como un edificio familiar y cálido.